Posted by: mariguana13 | March 26, 2010

Hachís y aceite

DATOS GENERALES

Origen

El uso del hachís en el Medio Oriente se propagó a Europa en el siglo XVIII. Este es quizá uno de los psicoactivos que más ha dado pie a la elucubración de leyendas y experimentaciones artísticas. Dentro de la denominada botánica oculta se sabía desde tiempos remotos que del cáñamo índico se extraía “un extracto grasiento”, del cual se fabricaba el famoso “haschisch“. Paracelso decía de él que “en humo o a dosis ingeridas, proporciona éxtasis místicos, diabólicos o extremadamente eróticos, según la moralidad o mentalidad del individuo que lo usa. Estos éxtasis son casi desconocidos en Occidente; en cambio, determinadas sectas lo utilizan y aplican sabiamente en sus ceremonias y ritos litúrgicos.” (33) Por su parte, el aceite de cáñamo parece haber entrado en circulación hasta el siglo XIX y su uso se mantuvo como una modalidad europea.

Etimología y denominaciones

La palabra hashís o hachís, que es la palabra ya castellanizada, proviene de los hassassins, miembros de una secta famosa por sus asesinatos y vinculada al uso de este psicofármaco. Al hachís también se le llama hash en México, aunque es poco común encontrarlo. En España en cambio es de lo más común, mucho más que la marihuana seca y se le llama chocolate, china o polen. Un cigarro elaborado con tabaco y hachís es un porro o canuto. Y la persona que lo ha consumido, está colocado o emporrado.

QUÍMICA

Identificación

El hachís es una pasta hecha con la resina prensada que segrega la parte florida del cáñamo hembra, (los llamados cogollos). Dicha resina tiene un color café intenso y generalmente se presenta comprimida en forma de pequeños bloques. Se elabora extrayendo la resina de la marihuana seca con ayuda de un cedazo. La marihuana se agita dentro de un tamiz hasta que la resina atraviese los agujeros de la malla toda vez separada de la materia vegetal. Esta resina se prensa para formar una bola o una tableta de hachís.

 

Otra forma de prepararlo que se utiliza en la India y en Nepal es frotando los cogollos de la marihuana aún plantada entre las manos, hasta que poco a poco la resina se vaya acumulando en la piel formando una capa oscura, entonces se frotan las manos entre sí hasta formar una bolita que se denomina charas.

El aceite puede presentarse como un alquitrán resinoso de color marrón oscuro o como un líquido muy fluido de color ambarino. Éste último, que es el de mejor calidad, se obtiene tratando el hachís en retortas con alcohol, mientras que el primero se extrae prensando directamente los tallos, las hojas y las flores de la planta de cáñamo.  
Composición

Tanto el hachís como el aceite contienen proporciones mucho más considerables de THC y de otros canabinoles que la marihuana.

Formas de adulteración

El hachís puede cortarse con goma arábiga, henna, leche condensada, clara de huevo, restos de plantas, cenizas, cera, parafina, aceites y sustancias similares. Para detectar la adulteración puede hacerse uso de una boquilla indicada para reducir la nicotina y alquitranes del tabaco. Cuando el hachís está adulterado basta una fumada para obstruir por completo el filtro de la boquilla.

Según describe José T. Gallego en “Goma de la buena”, un artículo publicado en el Especial 2000 de la revista Cáñamo, cuando está a temperatura ambiente, el hachís debe ser denso, sólido, bastante duro. Advierte que “cuando el hachís contiene gran cantidad de materia vegetal, sigue siendo blando y sobre todo esponjoso, aún después de ser prensado”, esto suele ser indicativo de que han sido adulteradas con aceite o grasa. Asegura también que el buen hachís debe prender al segundo o al tercer intento cuando se pone en contacto con la llama de un encendedor,  pues si prende a la primera, “suele estar adulterado con parafina, cera o contiene muchos restos vegetales”. Es de suponer que el hachís muy puro hierve y burbujea al acercarle la llama, no prende porque contiene el mínimo posible de materia vegetal necesario para arder. Otro indicativo para detectar una adulteración según Gallego es el olor del hachís, “si es extraño o sintético, sospecharemos de la presencia de adulterantes”. (9)

El aceite puede mezclarse con otro tipo de aceites comestibles que por lo general son amarillos y aclaran la mezcla final; debido a ello, cualquier conocedor sabe a simple vista si el aceite es del color acostumbrado o si ha sido cortado con otro.

FARMACOLOGÍA

Mecanismo de acción y formas de empleo

El hachís se fuma o se ingiere mezclado con miel o mantequilla. Sobre su mecanismo de acción al llegar al cerebro se sabe que es similar al de la marihuana, tarda al menos 30 minutos en aparecer cuando ha sido fumado y hasta una hora y media cuando ha sido ingerido, en cuyo caso puede prolongarse hasta por cinco o seis horas. El aceite puede ingerirse oralmente cuando es muy puro, de otra manera es preferible mezclarlo con tabaco y fumarlo. Por vía intestinal puede tardar hasta dos horas en hacer efecto y su duración puede llegar hasta las ocho o diez.

Usos terapéuticos

El hachís presenta algunas utilidades similares a la marihuana. Sobre el aceite no hay reportes.

Dosificación

Las dosis bajas de hachís se calculan entre 500 y 1000 mg; dosis medias entre 3000 y 4000 mg. Las dosis letales sobrepasan los 30,000 mg. Charles Baudelaire recomendaba “diluirlo en una taza de café negro muy caliente y tomárselo en ayunas… Del mismo modo que toda alegría y todo bienestar son superabundantes, también todo dolor y toda angustia son inmensamente profundas… En lo posible es preciso disponer pues de un hermoso piso o de un hermoso paisaje, tener el espíritu libre y despreocupado, y estar acompañado de unos cómplices cuyo temperamento intelectual sea semejante al vuestro; y contar asimismo con algo de música si es posible”. (6)

En cuanto al aceite, la dosis depende de la calidad del producto, si es muy puro, basta una pequeña gota para inducir experiencias de notable intensidad que se manifiestan hasta después de dos horas de haber sido consumido.

Efectos psicológicos y fisiológicos

El ya citado José T. Gallegos (9) dice que “el hachís malo y adulterado apenas coloca, más bien atonta. El hachís bueno sube rápido y abre la mente en lugar de embotarla”

En sus Paraísos artificiales Baudelaire reconoce tres momentos sucesivos a partir de la ingestión oral del hachís:

Primero se apodera de vosotros una cierta hilaridad absurda e irresistible. Las palabras más vulgares, las ideas más simples cobran una fisonomía extraña y nueva… A veces, ciertas personas totalmente ineptas para los juegos de palabras improvisan series interminables de tales juegos, de combinaciones de ideas absolutamente improbables, que desconcertarían a los maestros más duchos de este arte absurdo… La segunda fase se anuncia por una sensación de frescor en las extremidades y una gran debilidad… Los sentidos adquieren una finura y una agudeza extraordinarias. Los ojos descubren el infinito. El oído percibe los sonidos más tenues en medio de los más agudos ruidos. Comienzan las alucinaciones.

 

Los objetos exteriores cobran apariencias monstruosas Se os revelan bajo formas desconocidas hasta entonces. Luego se deforman, se transforman y finalmente entran en vuestro ser o vosotros entráis en ellos. Se dan los equívocos más singulares, las transposiciones de ideas más inexplicables. Los sonidos tienen color, los colores tienen música. Las notas musicales son números y resolvéis con vertiginosa rapidez prodigiosos cálculos aritméticos a medida que la música se desarrolla en vuestro oído. Estáis sentados y fumáis; pero os creéis sentados en vuestra pipa y que es a vosotros a quien la pipa fuma; sois vosotros los que os exhaláis en forma de nubes azuladas… Las proporciones del tiempo y del ser se hallan descompuestas por la innumerable multitud y la intensidad de las sensaciones y de las ideas. En el espacio de una hora se viven varias vidas de hombre… De vez en cuando la personalidad desaparece. La objetividad… llega a ser tan fuerte que os confundís con los seres exteriores… La tercera fase… es algo indescriptible. Se trata de lo que los orientales llaman kief, la felicidad absoluta. Ya no es algo turbulento y tumultuoso. Es una beatitud tranquila e inmóvil. Todos los problemas filosóficos están resueltos. Todas las cuestiones arduas con las que luchan los teólogos y que desesperan a la humanidad razonante son ahora límpidas y claras. Toda contradicción se ha convertido en unidad. El hombre recibe un ascenso y se hace dios. (6)

El experto Antonio Escohotado asegura que un viaje con aceite de mala calidad equivale a uno con marihuana hecha galleta, es denso y largo; en cambio relata sobre el aceite de buena calidad:

Tres amigos ingerimos una cantidad excesiva (pensando que no lo era), y fuimos a visitar la pinacoteca vieja de Munich. Pasaron casi dos horas sin efecto, y de repente aquello empezó a impregnarnos. El aire se pobló de pequeños seres en suspensión, como si estuviéramos dentro de grandes peceras hasta entonces invisibles, surcadas por fogonazos de luz intermitente, mientras los retratos y paisajes no sólo emitían el calor humano de personas vivas sino música adecuada a sus tonos de color. Recordé inmediatamente los comentarios de Baudelaire y Gautier sobre transformación de formas en sonidos, mientras una progresiva inmovilidad iba haciendo presa de nuestros cuerpos.

 

A mí, por ejemplo, me resultaba imposible sacar la mano de un bolsillo de la chaqueta, y comprobé que los amigos se habían sentado en salas distintas, perfectamente quieto cada uno frente a un cuadro.Conseguí llegar a una sala con varios Rubens y algún Durero, atónito ante los cambios perceptivos, cuando el tiempo sencillamente se detuvo y hube de tomar asiento también. Las pinturas dejaron de ser lienzos y se transformaron en ventanas a distintos paisajes, suavemente animados con movimiento, que comunicaban una enormidad de sentido. Pasar de uno a otro era recorrer universos completos en sí mismos, una inefable inmersión en épocas y climas espirituales pasados que de repente estaban allí, vivos en sus más mínimos detalles, ofrecidos como se ofrece el día a quien abre el balcón de su cuarto, con los sonidos, aromas y brisas del momento.

Inmóviles estábamos –con lágrimas de alegría ante tanta belleza– cuando llegó la hora del cierrre… Entramos con dificultad en el coche –consciente que ninguno sería capaz de conducir– y allí pasamos el resto de la tarde y la noche, aguantando en silencio sucesivas visiones, hasta cuando amaneció. Aunque la experiencia fue en rasgos generales muy enriquecedora, creo que estuvimos al borde de un serio envenenamiento. Sin embargo, dormir diez horas nos repuso satisfactoriamente. (15)

A nivel físico, el consumo tanto de hachís como de aceite ocasiona alteraciones muy similares a las de la marihuana, acelera el ritmo cardíaco, dilata los vasos sanguíneos y disminuye la coordinación psicomotriz en función de la cantidad utilizada. En algunos casos se han detectado anormalidades menstruales en las mujeres y disminución en las concentraciones de testosterona y cuentas espermatozoides reducidas en los hombres. Los riesgos comparativos a nivel pulmonar entre fumar tabaco y fumar hachís son los mismos que entre fumar tabaco y fumar marihuana. En el caso del hachís, también se puede hacer uso de vaporizadores o pipas de agua para suprimirlos. No existe ningún reporte sobre posibles daños genéticos producidos por el consumo de hachís, ni existen estudios sobre daños físicos en consumidores habituales de ambas sustancias.

Potencial de dependencia

Se adquiere cierta tolerancia a los tres o cuatro días de usos continuo y desaparece a los dos o tres días de privación, no obstante, parece ser que las experiencias provocadas por ambos productos son tan intensas que no hay muchos que se atrevan a repetirlas cotidianamente. Al igual que la marihuana, ni el hachís ni el aceite provocan dependencia física, pero sí pueden llegar a generar una gran dependencia psicológica. Su retiro no produce ningún síndrome abstinencial orgánico, aunque pueden presentarse cuadros de ansiedad, tensión e irritabilidad pasajeros.

¿Qué hacer en caso de emergencia?

A través de la inhalación es prácticamente imposible llegar a una intoxicación aguda porque las vías respiratorias no admiten más a partir de cierto punto, alcanzado el cual se generan accesos de tos y estados de sopor. En caso de intoxicación por ingestión se recomienda provocar el vómito si el sujeto está consciente, administrar leche o carbón activado para retardar la asimilación y llamar al servicio médico si se presentan cambios bruscos de temperatura, de presión o de ritmo cardiaco que puedan conducir a convulsiones. En caso de un «mal viaje» se recomienda lo mismo que en el caso de la marihuana: infundir confianza y serenidad al consumidor, cambiar de ambiente y de ser verdaderamente necesario, administrar 5 mg de haloperidol (Haldol®).

 

HECHOS INTERESANTES

Régimen legal actual

El hachís es una substancia prohibida, perteneciente a la Lista I. El aceite como tal no está prohibido, pero como el THC sí lo está, se considera también como un fármaco de la Lista I. En la práctica esto significa que no hay autorización alguna para comercializar ni hachís ni aceite con fines recreativos. Sus fines científicos y médicos virtualmente no existen.

En el caso de la legislación mexicana en materia de drogas, de acuerdo a las Tablas de penas previstas en el artículo 195 BIS del Código Penal para el Distrito Federal en Materia Común y para toda la República en Materia Federal, portar menos de 5 g de HACHÍS se considera como consumo personal y no se aplica ninguna sanción según el Artículo 199 del mismo código. Una cantidad mayor se considera como tráfico y sí está sujeta a penalización, dependiendo de la cantidad. (Consultar las tablas) La dosis media consignada en Las drogas tal cual son como consumo personal es de 3 a 4 g.

 

 

Los hassassins

Marco Polo dedica algunas páginas de su diario de viajes a consignar la existencia de una secta religiosa cuyos seguidores se hacen llamar hassassins (término del cual derivan las palabras hachís y asesino), célebre por sus crímenes y por el empleo de una extraña poción preparada con charas hindú. “La orden comprendía una jerarquía esotérica dividida en tres grados: lassik (aprendiz), fedawi (sagrado) y refik (compañero). Sobre éstos, la jerarquía esotérica reunía a los dais (maestres), los daikebirs (grandes priores) y el jeque al-Djebel (gran maestre).” (7) Se cree que esta organización sirvió de modelo a órdenes religiosas y militares como la Orden del Temple y los Caballeros Teutónicos.

Según cuenta Phillip K. Hitti en The Book of grass: “El movimiento Asesino, llamado ‘nueva propaganda’ por sus miembros, fue inaugurado por Al-hazan Ibn-Al-Sabbah (muerto en 1124), probablemente un persa, que clamaba ser descendiente de los reyes Himayarite de Arabia Saudita». Para recuperar su trono, este personaje se dio a la tarea de reclutar un número considerable de jóvenes entre los 12 y los 25 años de edad a quienes mantenía confinados en una fortaleza donde se les enseñaba «el libre y traicionero uso de la daga, reduciendo el asesinato a un arte.” (26)

Para reclutar a sus mercenarios, Al-hazan introducía grupos de cinco o seis jóvenes a los jardines de su palacio. Allí les hacía beber “cierta poción  que los transportaba a un profundo sueño”. Al despertar, todos aseguraban que verdaderamente acababan de regresar del paraíso, donde ángeles femeninos “yacieron con ellos hasta saciar sus corazones de contento.” Así pues, cuando su Maestro tenía algún plan en mente sólo tenía que decirles: “Id y haced esto y esto; que cuando retornéis mis ángeles os llevarán de nuevo al paraíso. Y no tengáis miedo de morir, aun si lo hacéis, os mandaré a mis ángeles para traeros de nuevo al paraíso.” (26)

Según relata un personaje de Alejandro Dumas en El Conde de Montecristo, “lo que aquellos jóvenes tomaban por la realidad, era un sueño; pero tan dulce, tan embriagador, tan voluptuoso que se vendían en cuerpo y alma al que se lo había proporcionado, y obedeciendo sus órdenes como a las de Dios, iban a herir al opuesto polo del mundo a la víctima señalada, muriendo en los tormentos sin quejarse, con la sola idea de que la muerte que sufrían no era sino una transición a esa vida de placeres, de la cual aquella hierba santa, que ante vos veis servida, les había dado un anticipo.” (13)

Las mil y una noches con hachís

Durante alguna de Las mil y una noches Sherezada comienza a contarle al sultán la “Historia de los dos consumidores de hachís”:

  -Debes saber, oh mi señor, que en cierta ciudad vivía un hombre, pescador de oficio, dedicado a comprar hachís ya que, en cuanto concluía sus labores diarias, cambiaba una parte de sus ganancias por provisiones de boca y el resto por aquella hierba de la que se extrae el hachís. Tomaba al día tres raciones de hachís: una por la mañana en ayunas, una al medio día y la otra al ponerse el sol. De este modo transcurría su vida en la disipación y en la extravagancia, lo que no le impedía trabajar en su oficio de pescador…  

Cierta tarde, tras tomarse una dosis de hachís más fuerte de lo corriente, encendió una lámpara de sebo y, sentándose ante ella, se puso a hablar consigo mismo, haciéndose las preguntas y dándose las respuestas él mismo, por lo que gozó de todas las delicias del ensueño y del placer tranquilo. Así pasó largo tiempo y no hubiera salido de su sueño maravilloso de no ser por el frío de la noche y la claridad de la luna llena. Entonces se dijo en voz alta:

-¡Oye, la calle está silenciosa, la brisa es suave y la luna invita a pasear para tomar un poco el fresco y ver la cara del mundo, mientras no pasa nadie y no pueden estropear tu placer y tu solitaria alegría!

Así que el pescador salió de su casa para encaminarse a la orilla del mar, donde la noche parecía más iluminada por ser luna llena. El pescador vio sobre el empedrado el reflejo del plateado astro de la noche y lo tomó por el agua, diciéndose en su extravío:

-¡Por Alá, pescador! Ya has llegado a la orilla del agua y estás sólo, pues no se ve ningún pescador, por lo que harás bien en buscar tu caña y pescar lo que te depare la suerte.

La suerte lo lleva a pescar un perro, insultar a unos guardias y ser conducido ante el cadí. “Éste con el permiso de Alá era también muy aficionado al hachís” por lo que terminó hospedando al pescador en su palacio y agasajándolo con su droga favorita. En medio de la fiesta los encontraron el sultán y el visir que paseaban por la ciudad disfrazados de mercaderes. Gracias a un incidente de envergadura, el pescador se hizo pasar por sultán y el cadí por visir. Los auténticos fingieron caer en el engaño, pero al día siguiente mandaron llamar a los impostores para divertirse con ellos. Viéndose descubierto, el cadí cayó de rodillas implorando perdón, mientras el pescador que, a causa del abuso del hachís seguía en estado de delirio, le dijo al sultán:

-¿Y qué? Tú ahora estás en tu palacio, anoche nosotros estábamos en el nuestro.

El sultán muy divertido por el comportamiento del pescador, le dijo:

-¡Oh el más descarado hablador de mi reino, puesto que eres sultán como yo, te pido que de ahora en adelante, me hagas compañía viviendo en mi palacio y, puesto que sabes contar historias, confío en que me deleitarás con alguna!

El pescador contestó:

-¡Con amistoso corazón y como homenaje debido! ¡Pero no lo haré antes de que hayas perdonado a mi visir, que está de rodillas ante ti!

El sultán se apresuró a ordenar al cadí que se levantara, perdonándole su extravagancia de la noche anterior, y le permitió que volviese a su casa y a su trabajo, después de lo cual sólo tuvo ojos para el pescador… (2)

 

Los sueños eróticos del Conde de Monte-Cristo

En la clásica obra de Alejandro Dumas, Simbad le ofrece al Conde de Monte-Cristo “hachís de Abu-Gor, el gran fabricante, el hombre único; el hombre a quien se debería levantar un palacio con esta inscripción: Al fabricante de la dicha, el mundo reconocido.” El enigmático Simbad discursa frente a su invitado sobre las virtudes que encuentra en la ambrosía que ofrece a su invitado:

A veces pasamos al lado de la dicha sin verla, sin mirarla, o si la hemos visto y mirado, sin conocerla. ¿Sois un hombre positivista y el oro es vuestro dios? Probad esta pasta y las minas del Perú de Guzarate y de Golconda se presentarán a vuestros ojos. ¿Sois poeta? Gustadla de nuevo, y se esfumarán las barreras de lo imposible ; los campos de lo infinito se abrirán ante vos; os pasearéis con corazón libre y con libertad de espíritu por los campos sin límite de la fantasía. ¿Sois ambicioso? ¿Corréis tras las grandezas de la tierra? Gustadla otra vez y en una hora serás rey; no rey de un pequeño estado en un rincón de Europa como la Francia, la España o la Inglaterra; sino rey del universo, de la creación…

Al Conde de Montecristo no le queda más que caer en la tentación. Prueba el hachís que le ofrece su anfitrión, se recuesta en un camastro y enseguida visualiza:

…estatuas ricas de forma, de lujuria y de poesía, de ojos magnéticos, de sonrisa lasciva, de magnífica cabellera. Representaban a Friné, Cleopatra y Mesalina, las tres más bellas cortesanas… le pareció que aquellas tres estatuas habían reunido sus tres amores para un solo hombre, y que ese hombre era él ; que se aproximaban a la cama en que soñaba bajo el influjo de un segundo sueño, con los pies perdidos en sus largas túnicas blancas, los cabellos sueltos formando ondas, en una de esas actitudes a las que resistían los santos, más ante la cual sucumbían los dioses… Entonces gozó de la voluptuosidad absoluta, de un amor sin reposo, como el que prometía el Profeta a sus elegidos… después de una lucha por la cual hubiese dado su alma, se abandonó sin reserva y terminó por caer sin aliento, fatigado, agotado por el cansancio, bajo los encantos de aquel sueño desconocido. (13)

 

El Club del Hashís

En toda la zona de influencia musulmana el charas o hachís es bastante consumido cuando a mediados del siglo XIX el autodenominado Club des Haschischiens, decide adoptarlo como psicofármaco de cabecera. Tomando como sede el hotel donde viven Baudelaire y el pintor Boissard de Boisdenier, diversos artistas como Delacroix, Gautier, Nerval, Moreau, Victor Hugo, Dumas y Balzac experimentan  de cuando en cuando los efectos del opio y constantemente los del dawamesk, “una mermelada hecha de haxix, almizcle, canela, pistacho y azúcar” (7). De acuerdo al crítico literario Peter Owen: “Todos estaban unidos en la búsqueda de nuevas formas de expresión y entendimiento… el grupo de escritores (y pintores) comparaba sus síntomas bajo el hachís o el opio, y especulaba sobre la forma en que su imaginación y su arte podían ser estimulados o traicionados por las drogas.” (32) Como fruto de esas reuniones, la historia de la literatura recibiría el Hashish de Gerard de Nerval, Le Club des Haschischiens de Theophille Gautier, varias pinturas de Boisdenier y Delacroix, la Monografía sobre el haschisch de Moreau y por supuesto, los Paraísos Artificiales y El teatro seráfico de Baudelaire.


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